QUE DIOS TE SOSTENGA Y GUARDE

He aquí una bella oración de bendición



Que el camino salga a tu encuentro, que el viento siempre esté detrás de ti, que la lluvia caiga suave sobre tus campos.

Y hasta que nos volvamos a encontrar, que Dios te sostenga con el puño de su mano.
Que vivas por el tiempo que tú quieras, y que nunca quieras vivir tanto como vives.


Recuerda siempre olvidar
las cosas que te entristecieron,
pero  nunca te olvides de recordar
las cosas que te alegraron.

Recuerda siempre olvidar a los amigos que resultaron falsos, pero nunca olvides recordar a aquellos que permanecieron contigo.

Recuerda siempre olvidar los problemas que ya pasaron, pero nunca olvides recordar las bendiciones de cada día.

Que el día más triste de tu futuro
no sea peor que el día más feliz de tu pasado.
Que nunca se te venga el techo encima
y que los amigos reunidos debajo de él, nunca se vayan.

Que siempre tengas palabras cálidas en un  frío anochecer, una luna llena en una noche oscura, y que el camino siempre se abra a tu puerta.

Que haya una generación de hijos en los hijos de tus hijos.
Que vivas cien años, con un año extra para arrepentirte!
Que el Señor te guarde en  su mano
y nunca apriete mucho tu puño.

Que tus vecinos te respeten,
los problemas te abandonen,
los ángeles te protejan,
y que el cielo te acoja,

Que la fortuna de las colinas ... te abracen,
que las Bendiciones de San Patricio te contemplen,
que tus bolsillos estén pesados y tu corazón ligero,
y que la buena suerte te persiga.
"..."

Que Dios esté contigo y te bendiga, que veas a los hijos de tus hijos, que el infortunio sea pobre, rico en bendiciones. Que no conozcas nada más que la felicidad desde este día en adelante.
Que Dios te conceda muchos años de vida, de seguro Él sabe que la tierra no tiene suficientes ángeles. Amén.
(Oración Irlandesa)




LA ALEGRÍA DE SERVIR


Entonces los justos le preguntaran: Señor ¿cuándo te servimos...? Cuando lo hicieron con uno de mis hermanos más pequeños... (Mt. 25, 30-46)


Muchas veces se siente el peso del servicio realizado, la fatiga, el cansancio, porque el auténtico servicio implica por entero al que lo realiza, le exige por entero... y eso cansa, tensiona, fatiga. Sin embargo, por el tipo de cansancio también podemos descubrir la autenticidad o no del propio servicio realizado. Porque hay un cansancio que es amargura, y hay un cansancio que es felicidad.

Cuando me acerco al otro en una actitud de servicio, me encuentro no con un objeto pasivo que necesita de mí, sino que me encuentro ante una persona con sus propios intereses, sus proyectos, su ritmo. Eso cansa. Cuánto más sencillo sería si el otro se adaptase a mí. Tengo tan claro lo que él necesita, que solo haría falta que siguiera mis instrucciones. Pero no es así. Pretender eso sería deformar al otro según mi proyecto, sería querer hacerlo a mi «imagen» en lugar de ayudado a crecer desarrollándose en su originalidad única. Por eso no sería servicio, sino dominación. Pero cansan tanto sus aparentes contradicciones, sus marchas y contramarchas, sus proyectos para mí descabellados. ¡Cansa tanto aceptar sus ritmos, tener paciencia, seguirlo por su propio camino en lugar de llevarlo por el mío!

A ese cansancio que surge de la tensión por el verdadero respeto a los demás, se le suma otro: el cansancio que nace de la aparente inutilidad del propio esfuerzo. ¡Tantas horas, tanta esperanza, tanto cariño puestos al servicio de los demás, y los resultados no se ven! Uno muerde el freno de la frustración, de la inutilidad de todo lo realizado. Los otros, la realidad, la sociedad, no parecen cambian.No parecen darse cuenta de todo lo que uno apuesta a ellos, no parecen crecer, ni siquiera parecen quererlo. A pesar de todas las carencias materiales y/o espirituales que tienen, parecerían estar cómodos así. No despiertan, no reaccionan, no perciben siquiera nuestro propio testimonio; incluso, a veces, parece fastidiarlos. Es la experiencia del sembrador que tras una paciente y sufrida labor de cuidado de la tierra no ve brotar siquiera un tallito de lo sembrado, sino únicamente suyos.

Las vueltas de la vida son complejas y difíciles para quien opta por vivir el amor en el servicio a los demás. No le faltaran pruebas y tentaciones, porque el camino del amor es una rosa con muchas espinas. A quien asume los anteriores cansancios, otros se le agregarán, como lo es el desagradecimiento.Uno ha entregado lo mejor de sí, ha tenido paciencia ha luchado contra la desesperanza propia y ajena; ha visto como el otro crecía en parte gracias al aporte que uno le ha hecho... y como recompensa recibe el no-reconocimiento, el desagradecimiento, y tal vez incluso, el rechazo. Aquí termina el romanticismo del servicio. ¡Cuánto daría uno por un simple «gracias»!Pero nada. Como hubiera sido en una transfusión de sangre directa, uno ha entregado su propia vida por la vida del otro... y el otro le retribuye con el desplante. Se siente la bronca, y el cansancio nos inunda. Hemos ayudado a crecer, y ahora que no nos necesitan, nos olvidan, nos abandonan. Sin nuestro apoyo tal vez no hubiera podido salir adelante, y ahora el otro cree y se ufana de haberlo hecho solo.


Uno se siente víctima de la injusticia. Realizo su servicio no buscando el reconocimiento y la alabanza, pero ahora uno siente que ha sido utilizado, ya que ha estado en las duras y ha sido olvidado en las maduras.
A esos tres cansancios se suma el que nace de uno mismo. La vejez, la enfermedad, el agotamiento; los propios límites personales en inteligencia, en capacidad de comunicación, en fuerza física y síquica; son otros duros escollos que se interponen en nuestro camino de servicio. No son menores: uno quiere entregarse y choca con uno mismo, uno quiere ser útil a los demás y no encuentra en sí los medios, uno tiene su propio ideal de servicio pero no llega.

Y no me refiero aquí a la realidad de pecado, de egoísmo, de comodidad... que también son parte de cada uno de nosotros. Hablo solo de los propios límites que objetivamente tenemos. Fastidia, cansa, agobia chocar contra las paredes de esta habitación que soy yo. ¡Cómo quisiera albergar más gente, alegrar más corazones, apoyar más crecimientos! En cierta forma incluso, cada vez puedo menos. Mi corazón es más grande que yo mismo, él crece y mis fuerzas disminuyen. Esto también supone una forma de cansancio muy real, muy directa. El cansancio es inevitable en quien asume el servicio como estilo de vida. Será compañero de camino toda su vida. Sin embargo este cansancio puede ser amargo o puede ser alegre. No se trata de simple optimismo y esperanza de futuro, por más que sean esenciales, se trata de otra cosa.

Hay una forma de encarar el servicio, de modo muy sincero y altruista, que consiste en considerar al otro (especialmente al que más me necesita, al más pobre, a mi «prójimo») como digno de la mayor atención, y por tanto, digno de mi servicio. Es más, se trata de llegar a considerar al otro como más importante que yo mismo, y por tanto, merecedor de serle dedicado mi tiempomi esfuerzo, mi cariño, mi vida. Esto es verdadero servicio, y solo así podrá ser un servicio liberador.
Es verdad también que en todo esto necesito la fuerza de voluntad para poder contrarrestar las tendencias internas y estructurales que me impulsan a la indiferencia y a la pasividad, y al encerrarme en mí mismo. Sin embargo, el problema aparece cuando asumo el servicio de manera voluntarista, como una obligación ética que me exige sacrificarme por los que me necesitan. Es un problema, porque la mera fuerza de voluntad tiene sus límites, se va agotando, le pesa el cansancio, y siente la tentación de buscar un acomodo.
En esa situación de agotamiento de la propia fuerza de voluntad es que saltan cuestionamientos que vienen desde lo más profundo de uno mismo. ¡Se me terminó la paciencia y no banco más! ¿Por qué tengo que respetar el ritmo de los demás, sino respetan el mío? ¿Para qué tanto trabajar si no hay respuesta, si no se ven los frutos? ¡El esfuerzo que hago es desproporcionado! ¡Me usan! ¡Quiero ser servicial y se aprovechan! ¡Lo justo sería que yo trabaje lo mismo que los demás! Me voy haciendo viejo, soy menos romántico y menos ingenuo, ¿no me habré equivocado de camino'? ¿No será mejor ser más «normal», como «todo el mundo», y pensar más en mí mismo? El servicio así vivido es un esfuerzo constante, un sacrificio, una negación de sí mismo. Es en función de los demás, cierto, pero no deja de ser una negación de sí mismo. Por eso agota. Y una vez terminado el entusiasmo inicial, el cansancio lleva a una amargura frustrante. El servicio que se apoya fundamentalmente en un «deber», por verdadero que éste sea, se apoya en las propias fuerzas, y a la larga es un servicio que aniquila al servidor.

Un servicio que se vive únicamente como un «dar» y un «darse», frustra. Pero hay otra forma de vivir el servicio. Nace del mismo Evangelio y por eso es impulsada por el Espíritu Santo.Cuando Jesús, en su última cena, quiere dejarles su «testamento» a sus discípulos, realiza el lavado de pies como signo de la actitud evangélica que debe guiar la relación con el prójimo: el servicio. Y añade; "mi mandamiento es este: que se amen unos a otros como yo los amo a ustedes" (Jn 15,12), El servicio se constituye así en el termómetro del verdadero amor. El servicio a los demás hasta la entrega de la propia vida, es un mandato inapelable de Jesús, es el criterio del Juicio, es el elemento central de discernimiento del actuar del verdadero discípulo de Cristo.Sin embargo, Jesús acababa de decir: "todo esto se los digo para que participen de mi alegría y sean plenamente felices” (Jn 15,11). Y esa es la clave del llamado que Jesús nos hace a cada uno de nosotros para seguirlo: que alcancemos la plena felicidad.

El mandato del servicio y la entrega personal hasta dar la vida, es muy claro y terminante. Sin embargo no surge por la necesidad de «cumplir» con una obligación ética, ni por obedecer la arbitraria voluntad de alguien superior, sino que se trata de seguir el camino de la felicidad. Dios no nos quiere como «servidores» ("ya no los llamo servidores" sino amigos" - Jn 15,15), no nos llama en primer lugar para que «hagamos cosas buenas», ni para que «construyamos su reino», ni para que «instauremos la justicia», sino que nos llama a ser felices. Lo único, absolutamente lo único que quiere Dios, es nuestra propia felicidad y por eso nos da lo mejor que tiene: su amor compañero: el Espíritu; y su camino: el servicio al prójimo. “Igual se siente el cansancio". Cierto, pero no amarga. Porque lo primero que busco en el servicio no son los resultados sino el servicio mismo. El servicio deja de ser un sacrificio, una negación de mi mismo en favor del otro. Por el contrario, el servicio se convierte en una alegría, en un encontrarme conmigo mismo, en un descubrir fuerzas, carismas y potencias que yo mismo desconocía en mi. Servir no es tanto «dar la vida» como el «encontrarla» (cfr. Lc 9,23-26).

Sirvo por amor al otro, y solo así es verdadero servicio, pero en primer lugar sirvo por amor a mí mismo. Lo impactante es que en el auténtico servicio ambos amores no se oponen, porque el amor a mí mismo no es egoísta, sino que es verdadero, y por tanto, generoso. No utilizo al otro, porque realmente el otro me interesa y a él le brindo mi vida, pero paradojalmente con que más le entrego de mí, más me encuentro a mí mismo. Por eso, al servir no busco resultados (aunque no dejen de interesarme mucho), no persigo reconocimientos (aunque también me gratifiquen), no me aplasto por mis crecientes limitaciones (aunque me cuesten asumirlas), sino que busco servir porque en el mismo hecho de servir soy feliz. Ya no comparo esfuerzos, porque he descubierto que el que menos se esfuerza, incluso el que se pretende «vivo» al garronearme, ni se da cuenta de lo que se está perdiendo nada menos que la posibilidad de vivir feliz.

Obviamente no se trata de la felicidad y de la paz manifiestas y patentes que inicialmente uno busca, sino que se trata de esa alegría serena y profunda que es capaz de vivirse incluso en la cruz. No es alegría por «haber hecho lo que debía», sino alegría por «haber sido yo mismo», por «haber vivido de verdad», porque vivir de verdad es servir. Esa es Buena Noticia para los hombres, es Evangelio, porque Dios mismo es feliz amando, y ama sirviendo. Así como el servicio concreto es el termómetro del amor auténtico, de igual modo la Alegría es el termómetro del verdadero servicio.






HACER CUENTA DE QUE SOY SEGUIDOR DE JESUS

En mi caminar me he encontrado con muchos cristianos o llamados cristianos. Algunos de éstos participan en ritos o cultos litúrgicos, van a misa los domingos cuando le da la gana, llevan flores supuestamente para el Señor, enciende velas en los altares porque hay mucha oscuridad, hacen altares o procesiones llenas de colorido, dan limosna con moneda falsa, llevan ropas sobrantes o viejas para los pobres, hacen obras sociales llamando la atención, etc. Otros, ni siquiera eso. Al ver tanto “teatro y movimiento”, me acerco a algunos y les pregunto: ¿por qué haces esto o aquello? Sin pensarlo mucho me responden: “por el Señor o para el Señor”. Me quedo admirado de “tanta generosidad” y me digo ¿tan poca cosa se merece Dios, el prójimo? ¿Es eso lo que agrada a Dios o es solo el gusto de la gente? ¿En eso consiste la identidad cristiana?

Reflexionando bien, creo que un no cristiano o un pagano lo hacen mejor, si es consciente.  Con ello no quiero minusvalorar y desconsiderar la sinceridad y el compromiso auténtico de algunos cristianos. Éstos me animan mucho, me fascinan.  En medio de esta realidad compleja puedo decir, quizás subjetivamente, que amar y buscar a Dios no es una forma de adquirir bienes y poderes que nos libren de todo mal por medio de doctrinas y filosofías concebidas por la mente humana; no es preparar altares y ritos complicados para pedirle a Dios salud y riquezas con ofrendas de algo que no es nuestro, sino que nos ha sido dado por Él; no es una licencia para continuamente cometer errores para luego arrepentirnos esperando ser perdonados para ser liberados de los cargos de conciencia; no es el medio apropiado para justificar cualquier abuso o imposición alegando que es para el bien de Dios; no es una excusa para inculpar a los demás por que no hacen lo que queremos.

Amar y buscar a Dios es la única forma de alcanzar nuestro mejor sentimiento amando todo lo creado por Dios; es el medio más seguro de aprender cómo lograr el amor entre los hombres y la paz universal; es la única vía para alcanzar el amor y la verdadera imagen del hombre como criatura divina; es el arma más poderosa para vencer la envidia, el egoísmo, la indiferencia y el odio entre los hombres y aprender a ser hermanos "sin distingos" en el Espíritu Santo de Dios; es una visión del mundo donde comprendemos que Dios es perfecto y que todo cuanto ocurre es perfecto y no lo cuestionamos, sino que aceptamos y aprendemos todo aquello que Dios nos asigna como enseñanza, sea agradable o doloroso, practicando y haciendo nuestro  su Voluntad.


En consecuencia, analicemos con mayor realismo, sinceridad y cariño nuestro modo de amar y buscar a Dios, nuestro modo de ser cristiano. No pretendamos escudarnos detrás de Dios, sino procuremos ser lo que somos sin tantos engaños e hipocresías. 


PIENSA BIEN ¿A QUIÉN HARÁS FALTA?


Ahora que ya morí que sucede? No entiendo, solo sentí un dolor fuerte en la cabeza, mareos y ahora estoy tan confundido. Que pasa? por que mi esposa corre y llora.

"... dicen que morí, pero no, estoy aquí. Pero ellos no me ven y no puedo abrazarlos. Oh ya veo, están trasladando a alguien en una carroza fúnebre, soy yo mismo: ¡qué extraño!.

Veo a mi familia con gran dolor: todos lloran. Yo solo veo. Ya no siento dolor ni tristeza. Es como ser un espectador. Pasan los días, mi familia regresa a casa sin mí, les dejo un gran vacío.

Ya alguien ocupa mi puesto de trabajo. Todo vuelve a ser como antes, corren, atienden llamadas, hacen pagos, envían documentos, firman planillas, en fin es como si nunca hubiese faltado yo, que bien, algunos compañeros se acuerdan de mi a ratos y lamentan que ya no esté. Sin embargo en mi familia el vacío persiste. Mi esposa llora, está confundida. No sabe cómo hacer sin mi. Mi hijo pequeño pregunta: ¿Dónde esta papá? Mi esposa le dice:  "está en el Cielo". 
Mi hija mayor acaba de comprender dolorosamente lo que es la muerte, no deja de llorar, no quiere ir a clases, no se puede concentrar, tampoco come. 
Mi perro se paró en la puerta y de ahí no hay quien lo saque, come, bebe agua y regresa a su puesto de espera.
Pasa el tiempo, mi hijo cumple cuatro años y yo no estoy, él se aferra a su mamá, se ha vuelto tímido y retraído, no hay una figura paterna para él, ya papá no está...
Mi hija ya de 11 años casi no habla, a veces su mama la encuentra llorando, bajo mucho las notas y no muestra interés por nada.
Mi querida esposa, con toda la carga sobre sus hombros, la responsabilidad de dos hijos pequeños. Tiene que sonreír a los niños para darles fortaleza.

Ya pasaron siete años y todo sigue igual: en casa el vacío, la tristeza; en la empresa donde trabajaba ya nadie me nombra y todo sigue igual sobre la marcha.

Sabes ¿qué dijo el forense? Que morí por stress. En mi cerebro se reventó una vena por una subida de tensión que me dio, cuando me llamaron de mi trabajo y me dijeron que de los 10 camiones que solicite solo llegaron siete. Y todo acabo...

Ahora me doy cuenta que para la empresa que trabajaba siempre era uno más, completamente reemplazable en cualquier momento, pero para mi familia era único e irreemplazable.

RECUERDA:
Por favor, dedícate a lo que realmente es importante. Todos necesitamos un trabajo que nos ayude a cubrir nuestras necesidades básicas personales y familiares, pero no te entregues totalmente a la empresa aunque tengas cargo alto, sino entrégate a tus seres queridos (a tu familia). Besa a tu esposa, abraza a tus hijos, llama a tus amigos, habla con Dios, habla contigo mismo, etc.
Recuerda: Harás falta a tu familia, a la empresa no. Así que demuéstrale (a tu esposa e hijos y amigos) tu amor, no con dinero, sino con detalles y gestos de amor.


¿CON QUIÉN ME CASARÉ?

Muy pronto... este tema para todos los jóvenes...

EL HOMBRE QUE CONFIABA MUCHO EN DIOS

"Sin el silencio no se oye nada"

Había una vez un hombre que decía que confiaba mucho en Dios. Un buen día comenzó a llover y a llover, pero nuestro amigo se quedó muy confiado dentro de la casa, esperando que Dios lo salvara.

Llovió tanto que el agua llegó hasta la ventana. Pasó un hombre en un bote y le gritó: “¡sube para que te salves! Nuestro amigo le contestó que confiaba en que Dios lo salvaría. El hombre del bote se fue rasgándose la cabeza.

Pasó otro en una lancha y nuestro amigo le dijo lo mismo. Finalmente, cuando sólo tenía el techo de su casa para mantenerse a flote, paso un helicóptero le arrojo una soga. Con señas le dijo que confiaba en Dios y que el lo iba a salvar. El piloto del helicóptero se marchó extrañado. Este hombre se ahogó y fue a reclamarle a Dios diciendo que había traicionado su confianza. Dios lo miró extrañado  y le dijo: “te mandé un bote, una lancha, y un helicóptero y a ninguno te subiste. ¿Qué más querías que hiciera?”


Esta historia ilustra una realidad: 
Muchas veces esperamos de Dios manifestaciones extraordinarias y no vemos los medios sencillos que él ha puesto para la salvación. Entre estos medios destacan los sacramentos, principalmente Jesucristo "el único sacramento salvífico de Dios Padre".

PARA REFLEXIONAR

1.- ¿El hombre reconoció  la ayuda de Dios? ¿por qué?

2.- ¿Qué medios utilizó Dios para ayudarle al hombre?

3.- ¿Cuáles son los medios que nos da Dios para ayudarnos, para salvarnos?

4.- ¿Es suficiente confiar en Dios para salvar nuestra vida? ¿Qué tenemos que hacer?


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SOBRE LOS SACRAMENTOS

Los Sacramentos no se pueden entender sin Jesús ni separado de la Iglesia. Qué significa esto:

CRISTO es el auténtico sacramento de Dios.  Él es el origen y autor de los sacramentos. Sin Jesús, los sacramentos no tienen sentido.

LA IGLESIA: ella hace presente en la historia la Salvación de Jesús. A ella ( Iglesia) Jesús confió el cuidado y la administración de los Sacramentos para la salvación de los hombres.

Los Sacramentos de la nueva ley son siete y han sido instituidos por Cristo para la salvación de los hombres que buscan y aman a Dios.

Los Sacramentos:

*NO SON COSAS que se reciben, sino acontecimientos salvíficos que se celebran y se viven siempre en nuestras vidas. 

* SON DONES-REGALOS ESPIRITUALES Y SALVÍFICOS que Dios ofrece por amor a los hombres en su diario caminar. Dichoso el hombre que descubre, acepta y recibe este gran Tesoro.

*SON SIGNOS SENSIBLES por los cuales Dios comunica su vida, su espíritu y su gracia sobrenatural a los hombres. Estos signos, en cuanto portadores de vida y aliento divino, afectan la vida de quienes celebran.

*SON NECESARIOS para la SALVACIÓN. En ese sentido, son fuentes de redención, de liberación y de vida eterna.

*CORRESPONDEN y ACOMPAÑAN a todas las etapas-momentos de la vida del cristiano: nacimiento y crecimiento, enfermedad y curación, servicio y madurez...





LO IMPORTANTE EN LA FAMILIA

Es importante que en la relación o convivencia familiar no falte las palabras y los gestos basados en el amor, la admiración, el agradecimiento, la petición de perdón, la humildad, la escucha y el valor. Te hace bien el decir siempre desde y con el corazón:  

¡Te amo!
Ningún ser humano puede sentirse realmente feliz hasta que escucha que alguien le diga "Te Amo". Atrévete a decirlo a la otra persona, a tu cónyuge, a tus padres, a tus hermanos, a tus hijos, si es que nunca lo has hecho, haz la prueba y verás el resultado.

¡Te Admiro!
En la familia, cada miembro tiene alguna cualidad o habilidad que merece reconocimiento. Todos, en algún momento, sentimos la necesidad de que se nos reconozca algún logro o meta alcanzada. ¿Cuándo fue la última vez que le dijiste esto a alguien?

¡Gracias!
Una necesidad básica del ser humano es la de ser apreciado. No hay mejor forma de decir a una persona que es importante lo que hace por nosotros, que expresarle un "¡gracias!", no en forma mecánica sino con pleno calor humano.

¡Perdóname, me equivoqué!
Decir ésto no es tan fácil, sin embargo, cuando cometas un error que ofenda o perjudique a otras personas, aprende a decir con madurez: "perdóname, me equivoqué".

¡Ayúdame, te necesito!
Cuando no podemos o no queremos admitir o expresar nuestra fragilidad o necesidad de otros, estamos en un grave problema. No te reprimas. ¡pide ayuda!, que también son muy importantes las palabras.

¡Te escucho... háblame de ti!
¿Cuántas veces le has dicho a algún miembro de tu familia: "háblame, qué te pasa?". Tal vez muchos problemas y mal entendidos se resolverían si tan sólo escucháramos lo que nos tratan de decir.

¡ Eres Especial!

Es importante hacerles saber a tus seres queridos cuánto significan ellos para ti.
Es en nuestro hogar donde sentamos las bases para salir y enfrentar al mundo, nuestra autoestima y la de nuestros hijos requiere ser alta. Sin cariño, sin respeto, sin trabajo y sin caridad, nada positivo podemos lograr en nuestras familias. Hagamos un esfuerzo, vale la pena, algún día cosecharemos lo que hemos sembrado.

¡Disfrutemos de nuestra familia!

No juguemos el Ajedrez....

RENUNCIAR NO...

No renuncies aunque todo alrededor te empuje a ello. 
No dejes el camino a medio andar, la barca a la deriva. 
No pierdas la oportunidad de completar la palabra de tu vida, ese verbo bendito que ha sido pronunciado sobre ti y espera ser realizado.
No claudiques en ese bien que has comenzado. 


Ten el coraje de arriesgarte, el empuje para llegar hasta el final.
Abre tus ojos al momento que tienes delante para vivirlo a plenitud. 
Abrazarte a la vida con todo el ardor que se merece.


Deja caer el egoísmo que te ciega, la desesperanza que agota tus fuerzas.
Escucha el palpitar de tus ímpetus y dialoga con ellos. 
Aprende a reconocer en ti mismo la eternidad que te sostiene y que debes descubrir.
Entrégate al inmenso amor de Dios. 

Descúbrete como hijo suyo y heredero de su reino, recibe su abrazo de Padre y siéntate a su mesa. Aliméntate del pan de su amor continuo amasado con manos humanas.
Acoge el designio de vida y libertad que Él te ofrece. 

Canta agradecido a su presencia por cada oportunidad que tienes de amar, es decir, de ser tu mismo.


No renuncies, no des tregua a la vida. 
No pierdas la oportunidad de darle su pleno sentido ahora mismo.



``Nunca pero nunca renuncies a ser tu mismo por encajar en un grupo´´ 


EL GRAN MILAGRO

Cuando en mi existencia, la cruel amargura, envolvió a mi alma, en un triste penar, yo eleve plegarias, a la Virgen pura, le rogué en mis rezos, mi vida cambiar.

Le pedí con ansias, me diera el consuelo, 
que de mis pesares, pudiera encontrar, a un cariño puro, que es mi ansiado anhelo y en su encanto pueda, la dicha alcanzar.

Hoy ya mi camino, se me ha iluminado, 
he encontrado a un alma, de encanto sin par, que con su ternura mi vida ha cambiado y en mi pecho ha vuelto, la dicha a reinar.

Es un alma pura, de encanto y belleza; 
sus ojos prodigan la luz celestial, en su cuerpo hermoso de linda princesa, sus formas de diosa, lucen lo sensual.

Su voz es el canto, dulce y melodioso;

que semeja a un coro, sacro y celestial, su tono produce, la paz y alborozo; que envuelve a mi alma, luz espiritual.

Por eso a la Virgen, de amor arrobado, 
las gracias prodigo por tanta ventura, que oyendo mis rezos, me haya regalado, la mujer que ansiaba, en esencia pura. 

 De Norandino Aranda



VIVIR EN COMUNIÓN

La familia es fundamentalmente una comunidad de servicio a favor de la vida de todos los seres humanos. El vínculo familiar tiene como eje el sentido de “pertenencia-comunión”. Todos entendemos que somos “los unos parte de los otros”, de modo que lo que sucede a uno le afecta o le incumbe a los otros.

Esta pertenencia-comunión se da en tres momentos:

1.- Vivir en comunión las vivencias.
  ☺ La convivencia familiar es vivir en comunión todos los sucesos de la vida de cada uno de los integrantes de la familia. Es compartir las vivencias propias y la de los demás. Es comunicarnos unos a otros nuestras penas y alegrías, nuestros temores, sueños y esperanzas.
  ☺ La vivencia en común de todas las peripecias de la existencia, incluso de aquellas que podemos vivir a solas, eso es lo que en primer término hace a la familia.
  ☺ Sin comunicación no hay comunión. La comunicación es “biodireccional (diálogo) y exige cariño, respeto, interés en el otro. Generosidad en tiempo, confianza, lealtad... Exige apertura de uno y actitud de escucha en el otro/s.

2.- Vivir en comunión de vivencias.
  ☺ La comunicación de nuestras vivencias personales es muy importante. Pero en la familia debemos añadir experiencias vividas entre todos los de casa. Son importantes los momentos en los que disfrutamos de alguna actividad familiar. El primero y más frecuente es el momento de compartir los alimentos (momento sagrado de la familia). A estos, podemos añadir algunas más ocasionales: paseos, visitas a algún familiar, celebraciones de cumpleaños, aniversario de bodas de nuestros padres, etc.
 ☺ La misma importancia tiene el cuidado de nuestra casa. La casa es de todos y para todos...pero también arreglada por todos. Ninguno –al menos que esté imposibilitado  por una enfermedad– podrá excluirse de servir en las tareas domésticas.

3.- Vivir en comunión la diferencia de vivencia.
 ☺ Aunque formamos una misma familia, somos diferentes. Pero esto no impide que conversemos nuestras diferencias tanto de temperamento como de opciones vitales. Unidad no es uniformidad, sino diversidad. Se trata de una diversidad al servicio de la unidad, de la vida.
 ☺ La convivencia ha de saber integrar el conflicto: inevitables choques de carácter, confrontaciones y problemas de todo tipo, traspiés inesperados... La vivencia de otros y con otros se llama, en ocasiones, cruz. Pero en convivencia, hasta la cruz compartida de hace mas leve y menor.
La madura comunión en la familia es la primera e insustituible escuela de socialización, ejemplo y estímulo para las relaciones comunitarias más amplias en un clima de respeto, justicia, diálogo y amor.
 ☺ La caridad comienza por casa –decimos–, pero la caridad no se queda encerrada en ella. La familia, “célula de la sociedad”, desde la experiencia del servicio mutuo forma a los suyos como buenos ciudadanos, solidarios y responsables en la búsqueda del bien común.
 ☺ Las relaciones del amor servicial entre los miembros de la comunidad familiar están inspiradas y guiadas por la ley de la “gratuidad” que, respetando y favoreciendo en todos y cada uno la dignidad personal como único título de valor, se hace acogida, encuentro y diálogo, disponibilidad desinteresada, servicio generoso y solidaridad profunda.


Así como la familia tiene una función social que se inicia con el servicio de la vida y educación de sus miembros, también tiene una función eclesial que implica la formación en la fe de los discípulos de Jesús, a cuya comunidad de salvación pertenecen por el bautismo.

Reflexión Bíblica: 
A la luz del Evangelio según san Juan (17, 21-22), profundizamos:

-¿Qué pide Jesús al Padre?

-¿Para que pide Jesús que todos sean uno? 

-¿Cómo debe ser nuestra unidad? 

-Nosotros, seguidores de Jesús, ¿por qué nos debemos caracterizar? 

-Una familia cristiana, un joven cristiano, ¿qué testimonio debe dar a los demás? 

-¿Mi familia se reúne para rezar y celebrar la eucaristía? 


Porque creemos en Dios creemos también que la familia no es solo una institución natural, sino ocupa un lugar  muy importante en el Plan de Dios, tiene la misión de anunciar que Dios es familia, que es Uno y Trino a la vez, que es Amor- Comunión.

La familia es tarea de todos, es responsabilidad de todos los que vivimos bajo el mismo techo.
El sentido de pertenencia debe ser alimentado y expresado por todos los miembros de la familia. No vale la excusa de ser menores de edad. Todos estamos obligados a dar lo mejor en proporción de nuestras posibilidades.